Tauramena donde nace el turismo

 Estábamos planeando nuestro último viaje del año. Después de unos problemas médicos que nos impidieron salir de la ciudad, con poco presupuesto y muchas ganas de conocer algo nuevo, decidimos que ya era hora de volver a rodar. Si soy sincera, al principio teníamos en mente ir a ver las luces en Villa de Leyva como el año pasado y recorrer los pueblitos cercanos con más calma… pero en ese momento la vía desde Villavicencio hacia Bogotá estaba complicada, con demoras y mucho “pare y siga”. Entonces pensamos: ¿por qué no Casanare? — vimos videos, investigamos y, sin pensarlo mucho, Tauramena fue nuestra elección.



¿Por qué nos decidimos por este destino?


Tal vez fue por ver a Goku y revivir esa nostalgia de nuestra infancia.


O por ver que no solo está el Arca de Noé, sino también réplicas de las pirámides de Egipto en pleno llano colombiano. 


O porque me antojé un poquititico de una hamburguesa de aguacate y unos camarones en salsa de aguacate.


Y bueno simplemente dijimos: ¡vamos a conocer!


La carretera hacia Casanare nos recibió con uno de esos amaneceres que solo ves en los Llanos Orientales: Un cielo rojo-naranja que pintaba todo el horizonte, ganado bovino por doquier y ese calor intenso que te hace sentir que estás completamente fuera de la rutina. Era la bienvenida perfecta para una aventura inesperada.


Lo primero que hicimos al llegar fue ir al Arca de Noé, un parque temático inspirado en el relato bíblico que está a pocos minutos del centro de Tauramena. Aquí encontramos:


* Una réplica impresionante del Arca de Noé, construida en madera y que te hace sentir dentro del relato bíblico.

* Réplicas de las Pirámides de Giza, túneles y esculturas que narran historias antiguas. 

* Guías que explican con respeto y detalle cada parte del relato.



El recorrido dura alrededor de una o dos horas, y definitivamente vale la pena. Terminar allí con una limonada fría fue el broche perfecto para refrescar el cuerpo bajo el sol llanero. 


Con el gps en el celular queríamos llegar a un lugar llamado Troya. Nos tocó enfrentar una curva empinada que casi nos hace regresar… pero la emoción pudo más. Y menos mal que seguimos, porque el paisaje al llegar fue simplemente impresionante.


Allí descubrimos estructuras hechas con llantas y guadua, un Caballo de Troya enorme, esculturas del chigüiro (sí, el animal ícono de los llanos) y figuras que combinan la mitología con la cultura local. Es un lugar perfecto para detenerse, tomar fotos y apreciar vistas que quitan el aliento.




Cuando el hambre no la aguantamos, fuimos a Villa Antonela, un restaurante con temática de aguacate que no decepcionó:


De entrada pedimos unos Patacones con salsa de aguacate exquisitos si se puede decir. 


Mi plato fuerte fue una Hamburguesa donde el pan fue reemplazado por aguacate, con carne jugosa, tocineta y vegetales frescos.


Ovidio se comió unos Camarones en salsa de aguacate que no dejaron ni una gota en el plato — altamente recomendado.


Y de bebida una limonada que definitivamente calman la sed de cualquiera y deliciosa!! 


La atención fue excelente y las vistas que acompañan la comida hacen que la experiencia sea mucho más sabrosa.


Con el cielo nublado, alcanzamos a llegar a Game Park justo antes de cerrar. ¡Y fue una de las experiencias más emocionantes del día! Para nosotros, que crecimos viendo Dragon Ball Z, este lugar fue un viaje al corazón de nuestra infancia:


La Casa del Abuelo Gohan

La nave de Goku bebé

Escenarios donde se llevaban a cabo las peleas, Vegeta, Magin bu, Bulma, entre otros personajes. 

Shenlong con las esferas del dragón. 



Pudimos dejar un mensaje a alguien querido que ya no está aquí y fue un momento muy especial. ¡Y sí! No faltaron las mil fotos con Shenlong, soñando con pedir un deseo.


Estos viajes cortos, donde la vista, el alma y el corazón se alegran, valen muchísimo la pena**. Y Casanare —especialmente Tauramena— tiene esa mezcla perfecta de aventura, tranquilidad y encanto para que tu próximo viaje no sea solo uno más… sino uno para recordar.

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